Recuerdo la sensación de ansiedad,la necesidad de coger cosas y cosas,porque...¡a saber cuándo iba a poder volver!.No sé vosotras,pero yo,a día de hoy,¿tres años después? ,aún tengo un par de cosas de nombre impronunciable sin montar o colocar.Como un saco-sillón de colgar,al que todavía no hemos encontrado sitio.
Desde hace seis meses o incluso un año,muchas de las cosas que iba a comprar las fui dejando porque "ya las compraré cuando abra el Ikea".Según se iba acercando la fecha de apertura recuerdo de nueva aquella ansiedad.
Llegó el día "I".Esta semana no vamos a ir que habrá mucha gente...vamos a dejar pasar el mes...y por fin me decidí.
La sensación es totalmente diferente.ya no tenía ansiedad,si no me lo llevo hoy lo puedo ir a buscar mañana.Lo único igual es que volví a casa,el viaje más corto y sin furgo,con otro montón de cosas,pequeñas eso sí,de nombre impronunciable y que no sé dónde voy a poner. Eso sí,me he traído una tabla de planchar,diminuta,se cuelga en el armario,por 4 euros que es lo mejor que me ha pasado en el terreno material ultimamente...bueno lo mejor no,lo mejor fue que mi amiga Abril descubriera una partida de las FAMOSAS Y DEMANDADAS BOTAS en un Centro Comercial.MÏIIIIIIIIIAS,ya son mías.Gracias.